Atelier · 2 de diciembre de 2025 · 4 min de lectura
Crónica de invierno: la luz baja del taller
Diario de los meses fríos: el dorado al agua que exige paciencia, las tierras nuevas del páramo y la obra que se resiste desde noviembre.
El invierno cambia el taller. La luz entra baja y rasante desde el sur, y de pronto todas las superficies revelan su relieve: los estratos de arena, el grano del lino, las huellas de la espátula. Es la mejor época para las obras matéricas y la peor para juzgar el color — todo se vuelve más noble y más cálido de lo que realmente es.
Estos meses se han ido en la serie Luz. El dorado al agua no perdona la prisa: el bol debe pulirse en el momento exacto de humedad, y ese momento, en un taller sin calefacción central, es una negociación diaria con el termómetro. Dos tablas se perdieron. La tercera es Liturgia de la mañana, y valió las otras dos.
En el caballete grande, una obra se resiste desde noviembre. No diremos su nombre todavía. Solo que tiene nueve tierras distintas y que, si algún día se deja terminar, abrirá la próxima exposición.
— Desde el atelier, 2 de diciembre de 2025